Perdí mi perra, perdí mi amiga, la que amaba como una hermana. Tenía 17 años al momento de perderla, era epiléptica, viejita, medio sorda. Una cocker negra bien gordita, malcriada que no le gustaba mucho el balanceado, prefería su bifecito de hígado y algún que otra cosa que podía robar de la mesa, mi Milena.
Una noche me dí cuenta que no estaba, y recientemente habíamos estado en la puerta de casa, supuse que no la ví salir y fue ahí cuando empezó una búsqueda que nunca terminó, porque sin saber que le pasó, jamás dejamos de buscarla, aún cuando ya habiendo pasado 16 años, ver un cocker negro y se nos paraliza el alma.

Por mi falta de cuidado de no verla salir al abrir la puerta, dejé ir a Milena, y junto con ella una parte de mí. Todo eso fue el inicio de búsquedas, reencuentros y desencuentros, que me llenó de historias, rescates y amigos

GARRA se formó luego de una juntada de fin de año del proteccionismo, donde conocí gente maravillosa que también dedicaba muchas horas de su vida al rescate y lucha contra el maltrato. No puedo dejar de agradecerle a mi querida Silvia Sastre, que ha sido mi mentora. Porque es muy generosa para quién quiere aprender, todo te explica y enseña, y te alienta a nunca bajar los brazos ¡Te quiero tanto mi guerrera!

Y así fue que entre charlas coincidimos en conocer los mismos comunitarios y decidimos aunar fuerzas y empujar juntos.

Así en 2012 nace este maravilloso grupo, junto a Ale, Vane, Cris, Jime, Agus, Noe y Kichi; que más que un grupo, hoy es una enorme familia que nos une por el mismo amor a los animales, que nos impulsa a generar más empatía hacia la vida. 

Nuestro refugio no es sólo un centro de rescate y albergue, es nuestro lugar en el mundo dónde somos muy felices y damos todo por cambiar positivamente y con mucho amor, cada historia que llega a nosotros.
En GARRA también se rescatan personas, porque creemos firmemente que los garritos nos rescatan a nosotros como humanos y nos hacen más animales.

“Hay palabras que te cambian la vida, pero hay ladridos que te cambian el alma.”

Gracias y perdón Mile, más allá del dolor y ausencia que me dejaste,tu pérdida no fue en vano. Pero sin vos no hubiese despertado en mí todo ésto y mucho menos darme la posibilidad de tener esta familia por elección y tantas ganas de seguir para evitar que ésto le pase a otro, educando. Y si le pasa a otro, tenga más chances que las que tuvimos nosotras de reencontrarnos. Si no hay reencuentro al menos unir esos vacíos en los hogares y llenarlos de huellitas.

 

En memoria de nuestra querida Sandra Percello, que siempre nos apoyó en cada una de nuestra locuras. ¡Te amo amiga! Un enorme beso al cielo.